“Eso no es normal”, “no es normal que pienses así”, “¿no
podrías actuar como una persona normal?” El que diga que nunca lo limitaron o
lo hicieron dudar de si mismo con alguna de estas frases, en algún momento de
su vida, definitivamente no es “normal”.
Ese es el problema. Nos pasamos tratando de entender o
aprender lo “normal”, para tratar de encajar o adaptarnos, o incluso para
alejarnos y distinguirnos como “fuera de lo común”. Pero lo preocupante es
cuanto nos limita esa simple expresión.
Tratando de ser “normales”, de no llamar la
atención, de no ser diferentes, evitamos desarrollar o expresar tanto de lo que
somos. Peor aún, sintiéndonos parte de la normalidad, y rodeados de “gente
normal”, nos sentimos con el derecho de criticar, menospreciar o burlarnos de
los “diferentes”. ¿Ser normal es bueno, ser diferente es malo?
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