¿Por qué yo?

Siempre creí que no podría trabajar en algo que no significara algo para otros tanto como para mi mismo, un trabajo que me ayudara a sentir que estaba marcando una diferencia.
Como educador, constantemente veo los resultados de mi esfuerzo, y eso me llena de satisfacción, porque siento que cada día de trabajo fue un día que valió la pena vivir.
En medio de la crisis social y económica del 2002 comencé en el colegio un proyecto llamado “manos a la obra”, destinado a paliar algunas de las consecuencias de aquella situación.
En las primeras reuniones de este “club extra-escolar” decidimos enfocar nuestros esfuerzos en ayudar a una sola organización que no estuviera recibiendo ayuda gubernamental, religiosa o de cualquier otro grupo.
Investigando un poco nos topamos con Betty, una mujer desempleada de un vecindario pobre que comenzó a recolectar sobras de comida de negocios y supermercados para ayudar a aquellos  que estaban en condiciones aun peores que la suya, en especial niños. Su patio se convirtió en el  “Comedor San Martin”, donde cerca de 100 niños de 1 a 13 años almorzaban diariamente, y ocasionalmente merendaban por las tardes. Para muchos de estos niños, esa sería su única comida del día.
En una primera etapa de nuestro proyecto, recolectábamos dinero en el colegio cada semana para comprar en un mayorista comida para el comedor”. Pero también era importante dejar en claro a nuestros alumnos que si esto era todo lo que íbamos a hacer por estos niños, les estaríamos enseñando que cada vez que necesitaran algo podrían obtenerlo de la caridad, sin realizar un esfuerzo a cambio.
Esta lamentable postura, reforzada a menudo por políticos corruptos que sólo quieren ganar elecciones, mantiene subdesarrollada a nuestra sociedad.
Fue así que comenzamos la segunda parte de nuestro proyecto, encontrándonos con los chicos en las tardes para ayudarlos a estudiar y enseñarles habilidades que podrían ayudarlos a satisfacer sus necesidades en el futuro.
Por supuesto que es muy difícil enseñar que la comida sabe mejor si uno se la ganó con esfuerzo, pero estábamos convencidos de que hacíamos lo correcto y esperábamos hacer alguna diferencia en ellos.
Esto, sin dudas, requiere de mucho tiempo y energía, y muchas veces me pregunté: ¿por qué yo? ¿Por qué tengo que ser yo quien se encargue de todo esto?
E inmediatamente pensaba ¿por qué NO yo? Y no parecía encontrar una excusa.

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